Los mejores colegios en Sillicon Valley

En nuestro mundo la tecnología es cada vez más ubicua, formando parte de cada vez más actividades cotidianas. En este contexto, la escuela no quiere quedarse atrás, y en los últimos años han florecido en las aulas ordenadores, tabletas o pizarras digitales. Al fin y al cabo, se argumenta, en un mundo tan tecnológicamente mediado, las competencias digitales se han convertido en una forma de alfabetización más, así que es necesario que la escuela les preste atención.

En el epicentro de la revolución tecnológica

En Silicon Valley, sin embargo, nos encontramos con un paisaje sorprendente. En esta meca tecnológica, los empresarios de las grandes empresas optan mayoritariamente por un modelo de escuela distinto al que cabría esperar: sin libros de texto ni lecciones magistrales, sin segregación por edades y, significativamente, sin pantallas.

Pedagogías alternativas

Desde hace unos años se vienen popularizando las escuelas llamadas alternativas. Muchas se basan en teorías pedagógicas formalizadas hace décadas: Montessori o Waldorf, por citar solo las más conocidas. Otras son más eclécticas. Pero todas comparten una crítica similar a los planteamientos de la escuela tradicional.

Según esta perspectiva, la escuela, desarrollada durante la Revolución Industrial, busca la formación de individuos homogéneos y obedientes, que hayan memorizado una serie de conocimientos y habilidades concretos. Por esto, se basa en los libros de texto y en la trasmisión de conocimientos por parte del profesor.

Pero el mundo ya no es el que era en 1800: los conocimientos se quedan obsoletos en pocos años, y habilidades como la creatividad o el trabajo en equipo son cada vez más importantes. Por esta razón, estas escuelas abogan por un modelo más flexible, sin segregación por edades y mucho más centrado en el alumno, respetando sus intereses y sus ritmos de aprendizaje.

En los detalles, desde luego, estas escuelas son muy variadas. Discrepan en el rol exacto del profesor (llamado generalmente “guía” o “acompañante”), en el uso de uniformes escolares o, como veremos luego, en la presencia de la tecnología. Pero todas comparten ciertas ideas centrales.

Este movimiento tiene un alcance más o menos global, pero es notable su influencia en Silicon Valley. No es de extrañar, pues algunos de sus nombres más conocidos estudiaron en escuelas de este tipo.

Escuelas sin tecnología

El factor más sorprendente de algunas de estas escuelas, desde luego, es su rechazo al uso de las nuevas tecnologías. En este sentido, la Waldorf School of the Peninsula es paradigmática: en las clases hay pizarras y tizas, papel y bolígrafos, material de manualidades. Pero ni una sola pantalla. El argumento esgrimido es que el uso temprano de ordenadores inhibe el pensamiento creativo, las interacciones humanas o la capacidad de atención. Puede parecer una rareza conservadora, pero lo cierto es que el 75 % de sus alumnos son hijos de altos ejecutivos de Silicon Valley.

Desde luego, tampoco hay un acuerdo absoluto en este asunto. La más reciente AltSchool, por ejemplo, comparte el enfoque centrado en el alumno, basado en proyectos y sin muros separando clases por edades. Pero aquí cada alumno recibe una tableta en su ingreso, y la tecnología forma parte fundamental de su fórmula educativa.

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Casaflorencio

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